La leyenda del colibrí

Ave endémica de América que habita desde los lagos de Alaska hasta la Tierra de Fuego. Relámpago entre el viento. Su aleteo es el más rápido, y su tamaño, el más pequeño. Su corazón alcanza hasta 1,200 latidos por minuto y sus alas se baten hasta 90 veces por segundo. Es el único pájaro que puede volar hacia atrás y el único que se suspende en el cielo; su vuelo es perfecto. El colibrí es sinónimo de equilibrio en la naturaleza, y según una leyenda maya, simboliza una presencia. Es un mensajero.

La anatomía de un colibrí es privilegiada y su lugar en el ecosistema es fundamental en el ciclo de polinización de las flores. Sin la polinización animal, muchas especies de plantas y animales desaparecerían, y por ende, a la humanidad le faltaría alimento. Por eso se dice que el colibrí es un ave que contribuye al equilibrio de la vida en la tierra. Su pico, su plumaje y su vuelo, le permiten beber el néctar de la flor sin tocar los pétalos y así completar un espiral esencial en la cadena de la vida. 

En lengua maya colibrí se dice “ts’unu’un” y hace poco leí un artículo en la revista México Desconocido que relata una leyenda de ascendencia maya sobre esta ave colorida. Según la autora, el colibrí surgió el día que el ser humano talló una piedra de jade en forma de flecha, y al soplarla, hizo que volara entre el viento. El colibrí es creación de la buena intención de las personas y de las diferentes manifestaciones de la energía en el universo, del todo que nos rodea. Es un mensajero de buenos augurios y buenos deseos; es un ave que transporta el pensamiento.

Por eso dice el texto que “si algún día ves un colibrí es porque alguien está pensando en ti y que existe una razón por la que se cruza un colibrí en tu camino”.

Hace unos días, mi hermano Santiago y yo vimos un colibrí sobre un almendro y a los dos nos vinieron recuerdos, significados y un par de comentarios; su presencia no pasó desapercibida. En mi familia, el colibrí es un animal muy especial que nos recuerda a dos de los seres más queridos de nuestras vidas que siempre serán referentes, maestros y guías: mi Tío Gerardo y mi Tía Maruja. A los dos los visitaban muchos los colibríes en su anhelada Huasca; el colibrí era un ave que les fascinaba.

Hoy me gusta pensar que la leyenda maya que leí es real, y que ese día, los dos recibimos un buen deseo, un mensaje positivo y todo el cariño de mis tíos. Me gusta pensar que ese “ts’unu’un” amarillo se apareció para darnos todo su aliento, para hacerse presentes y para desearnos un buen camino.

Referencias:

La leyenda maya del colibrí, México Desconocido, Septiembre 2017, por Janeth Ochoa.