Vivir con poco

Para muchos todavía es un misterio. ¿Por qué el comportamiento mezquino de la sociedad? ¿Por qué creemos que tenemos que tener más de lo que ya tenemos? ¿Por qué entre más tenemos, necesitamos más? ¿Por qué incluso no importa el dinero que nos costó tenerlo, si no todo el tiempo que pasamos tratando de conseguir ese dinero que después vamos a gastar? ¿Qué pasaría si fuéramos más críticos con lo que tenemos? ¿Qué pasaría si un día decidiéramos vivir con menos? ¿Qué tal si menos, significa más? 

Hay investigaciones sociales que señalan que tener más no necesariamente te hace más feliz. Según la “Paradoja de Easterlin” (1974), las naciones más ricas no son relativamente más felices sobre aquellas que cubren sus necesidades básicas. Para el americano Robert Easterlin, la felicidad alcanza un tope económico y después no son significativas las diferencias en el estado anímico de la muestra. O dicho con sus palabras: “la felicidad no está asociada con un bienestar económico, sino con un bienestar social”.

Otro estudio reciente confirma lo dicho por Easterlin: el “Happy Planet Index” (2016). Este estudio investiga periódicamente los niveles de bienestar en diferentes países, cruzando la información demográfica con el nivel de consumo de recursos, la esperanza de vida y la equidad económica. Las conclusiones señalan que los países que tienen los índices más altos de felicidad no son los países con más ingresos per capita. Contrario a lo que se pensaría, países de América del Norte o Europa que son referente de éxito, se clasifican por debajo de países de Latinoamérica, Asia y el Pacífico, en donde la gente se declara más tranquila y feliz, y en donde es menor la huella de carbono.

Del lado opuesto, el sociólogo holandés Ruut Veenhoven (2006) señaló que no existía tal “Paradoja de Easterlin”, y que la felicidad aumentaba si crecía la ganancia económica, que los países con más dinero eran más felices. A este argumento se sumaron las investigaciones del joven economista Justin Wolfers (2015) que afirman que el bienestar crece si el ingreso crece y que un mayor producto interno bruto genera un mejor estado de ánimo. Sin embargo, también destaca que se necesita más dinero para hacer feliz a un país con un alto poder adquisitivo y que la relación entre felicidad e ingreso no necesariamente se incrementa en largo plazo, no hay una relación lineal.

Lo cierto es que el gasto entre las personas ha crecido en los últimos 50 años y no así los índices de felicidad. Lo cierto es que la gente antes era igual o más feliz que ahora que tiene y consume más. 

Sin embargo, también soy consciente que vivimos en un mundo capitalista donde están puestas las reglas del juego y el consumo es una pieza fundamental. Se podrá vivir con poco, pero también existe un mínimo para cubrir las necesidades básicas. Y es que en este sistema, cuando no tienes dinero, no tienes bienestar. Abraham Maslow lo explica mejor con su pirámide de necesidades, al señalar que no se puede llegar a un bienestar emocional y creativo si no se cubren primero las necesidades básicas que nos dan seguridad. Considero que la pobreza y la carencia son problemas serios con profundas raíces, mismos que no deben confundirse con este planteamiento.

De mi parte, la idea de vivir con menos me intrigaba desde hace mucho tiempo y se ha vuelto la brújula de mi vida en los últimos dos años y medio. No hace tanto, me hallé de manera deliberada sin todas las cosas que durante años fui acumulando, piezas que me costó mucho esfuerzo y años de trabajo conseguir. Dejé mi departamento y se fueron los objetos que llevaba guardando por años. Se fueron casi todas las posesiones y comencé a viajar.

Así, creo que mi vida tomó otro significado y mis cimas se volvieron diferentes. Creo que el reto se volvió encontrar mi propia pirámide de necesidades e identificar qué es lo que realmente me importa; lo que realmente necesito y lo que realmente me hace sentir bien. Ahora creo que lo difícil no es buscar afuera, sino buscar adentro. Y quizás esté equivocado, pero hoy creo que sí se puede vivir con poco, y que menos, también significa más.

Referencias:

The Happy Planet Index

Does money buy happiness por Justin Wolfers

Consumption and Happiness: How do they relate? Por Karen Farías Proschle