Dreams

Hoy Irlanda amaneció sin reparo y de capa caída, hoy hace más frío que nunca. Y es que ayer falleció una de las mujeres más representativas de esta isla, de esta tierra húmeda y verde. Una mujer que se volvió un auténtico ícono de los noventas. Una voz rebelde y valiente. Una voz mordaz. Una voz con texturas tersas, agudas y agresivas que habló en contra del sistema, en contra de la violencia, en contra de la militarización. Una voz que abrió todas sus cuerdas creando una perfecta sinfonía de amor y desamor. Una voz genuina, una voz activista, una voz de poeta. La voz de mis recuerdos. La voz de una generación. 

Dolores O’Riordan nació en el Condado de Limerick, en un pequeño poblado al este de Irlanda. Cuentan que tocaba el piano desde los seis y que compuso su primera canción a los doce. Que a sus 17 se escapó de la casa y así conocería a los hermanos Noel y Mike Hogan y al baterista Fergal Lawler, tres jóvenes que buscaban la voz para su modesta banda: “The Cranberry Saw us” (un juego de palabras para hablar de la salsa de arándanos que por aquí es tan popular). Cuentan que desde los primeros ensayos hubo pólvora, los de Limerick sonaban con fuerza. Y así, en 1993 publicaron su primer album: “Everybody else is doing it, so why can’t we?”, que entre otras canciones, reproducía “Linger” y “Dreams”, dos piezas que se volvieron himnos de mi generación. Cuánta energía tenía “Dreams”.

Luego llegó el album “No need to argue” que abrió con un sencillo directo y frontal: “Zombie”, una canción con matices “grunge” que narraba una historia particular. La letra habla del atentado del IRA – el Ejército Republicano Irlandés, el cual usó la violencia buscando que Irlanda del Norte no fuera parte del Reino Unido- cometido en Inglaterra en 1993, mismo que mató a dos niños. La canción es una crítica contra la violencia con fines políticos, económicos y sociales. Una crítica dura contra un grupo paramilitar cuyas prácticas mantuvieron en luto a estas tierras. Y a pesar del acento local, la canción se volvió un grito contra la violencia en el mundo. Un grito contra la injusticia en Serbia, en África, en la antigua Yugoslavia, en el medio Oriente y en Latinoamérica. “Zombie” confrontaba la psicología de la violencia con la mezcla exacta entre ironía y sutileza que se requiere para tocar una herida que todavía está abierta, de esas que aún duelen. 

Después llegaron cuatro discos más y canciones como “The Animal Instinct”, “Just my imagination”, “Promises” y “Salvation” en una década redonda para ellos. En 2003 dejaron de tocar y volvieron con un par de giras de conciertos en 2007 y 2009 para luego grabar en 2012 su último disco: “Roses”. Por su parte, Dolores grabó un par de discos en solitario y colaboró en varios contenidos como la brillante participación que tuvo con la Sinfónica de Varsovia.

De Dolores O’Riordan hay muchas historias, que en honor a su memoria, pido permiso para contar. Dicen que siempre tuvo el sueño de ser una rockstar, de ser famosa. Y con los Cranberries logró colocar 20 sencillos entre las mejores canciones de las listas de Billboard y vendieron más de 40 millones de discos en todo el mundo. Sin embargo, también cuentan que entre más fama tenía, más sola se sentía. Que nunca le gustó ser perseguida por los reflectores y que detestaba la prensa sensacionalista. Que le gustaba hacerse pasar por desconocida y que un día optó por dejar los escenarios y separarse de la banda, decidió vivir de otra manera y comenzar una familia. También cuentan que la marcó la muerte de su padre y que la amenazaban las depresiones. Ella misma confesó hace un año que había sido diagnosticada con trastorno bipolar y que llegó a tener un episodio de manía de cuatro meses. Era una mujer fuerte que encaraba la batalla de la estabilidad. 

De mi parte, Dolores O’Riordan y los Cranberries significan un cajón lleno de recuerdos. Yo tenía 11 años y los noventas en México estaban en todo su esplendor. Era la época de Nirvana, de Pearl Jam, Soundgarden y el Mundial de futbol en Estados Unidos. Ya había caído el muro de Berlín, Bush amenazaba a Sadam Husein y en mi país se vivía una turbulencia política. Y en esa época surgió una voz que a muchos nos identificaba. Recuerdo que mi hermano Pablo fue el primero que los puso en la casa y que la primera canción que escuchamos fue “Dreams”. Era justo la edad en la que un niño idolatra a su hermano mayor y esta vez no fue la excepción. Siempre la ponía en el coche cuando mi papá nos llevaba a la escuela y a todos nos gustaba. Y es que cómo sonaba ese cassette, cómo sonaba esa voz. 

Y así, y con estas palabras, rindo tributo a una mujer que marcó una época para mi. Una mujer valiente. Una mujer sincera. Una mujer abierta. Una mujer que algún día dijo que su sonido preferido era el silencio y que uno de sus héroes era John Lennon, y es que según ella “sólo los grandes mueren jóvenes”, dicho por alguien que murió ayer a los 46.

Adiós mi valiente Dolores, seguro el cielo hoy es un lugar más dulce, y aquí siempre nos quedará tu voz. 

Bibliografía: