Australia; la leyenda es cierta

Creo que llevaba años diciendo que quería ir a Australia. Los que me conocen, saben que era un sueño que desde hace mucho tiempo se había convertido en un fascinante secreto a voces. Australia, cómo sonaba eso. Y es que representaba un lugar lejano, con una cultura diferente y en donde la leyenda cuenta que la gente vive de otra manera. Una vida donde las olas están para surfearse y las playas sobran. Una menos estresada. Una en sintonía con la naturaleza. Una más cercana al telar que fue bordado con arena y polvo de estrellas. Una de frente al mar. 

Yo aterricé en Sydney el 9 de noviembre del año pasado y llegué con toda la alegría de cumplir un sueño. Me emocionaba descubrir si la leyenda era cierta, si Australia aún era esa tierra prometida.

Es cierto que Sydney es esa ciudad rodeada de mar en la que la vida es muy tranquila. Si bien es la zona más poblada de todo el territorio australiano, aún se puede caminar en la ciudad sin problema, en un ambiente bastante seguro. El transporte urbano es vanguardista y el puerto está perfectamente conectado. Hay parques en casi cada barrio y se ve mucho verde en la ciudad, un verde extraño que no se entiende del todo si es árido o tropical. La fauna y la vegetación son muy diferentes a las de América. 

También es cierto que la Opera House a la orilla del Pacífico es impactante y que todos surfean en Bondi Beach. Es un espectáculo ver cómo muchísima gente llega del trabajo entre cinco y seis de la tarde, se cambian, y corren con su traje y su tabla por las calles para pescar la última tanda de olas del día, quizás la mejor. Así como en otros lados se ven a muchos ciclistas o muchos corredores, aquí lo que se ve son muchos surfers. Las playas se llenan de ellos cuando sale el sol y cuando se pone. Cuando estás frente el mar, y si te fijas bien, alcanzas a ver a cientos de surfers esperando agarrar la ola. La postal es impresionante.

También es cierto que la gente vive contenta. Es una sociedad que vive en un sistema que parece que funciona y donde la población recibe lo mismo que aporta. Donde los servicios públicos son eficientes y la tasa de desempleo es baja. Estoy seguro que como cualquier lugar, Australia tendrá problemas, pero lo cierto es que hay prosperidad en esta tierra. En mi recorrido por Sydney, Manly, Bondi, Brisbane, Byron Bay, Suffolk Park, Nimbin, la Gold Coast y Coolangatta, me di cuenta que es cierto que la gente vive más relajada. Que tratan de aprovechar al máximo el día y que no permiten que el trabajo les quite mucho tiempo; que le dedican gran parte de su vida a lo que más les gusta a hacer, o mejor aún, que viven de eso. Es cierto que existe un equilibrio. Al final la leyenda es cierta, y ese fue el mensaje principal que me llevé de los días que caminé por la costa este de Australia: sí se puede vivir así.