Tongariro

¿Cuál será el camino correcto? ¿Cuáles son esas cimas? Algunos sabios dicen que el mejor camino es el que te lleva más lejos. Otros, que no hay camino, que se hace camino al andar. Yo he ido tomando el camino como ha ido surgiendo, como le hago ya desde hace algún tiempo, con el mero afán de salir a vivir y caminar. Y así, las cimas han tomado un nuevo sentido, busco llegar a un lugar diferente, a uno que para mí, signifique algo de verdad. Pero también he aprendido que cualquier cima requiere un largo camino, nadie dijo que sería fácil llegar. Y en este viaje, para llegar al soleado valle de Matatamata, donde descansa La Comarca, primero tenía que atravesar las tinieblas del Volcán. Tenía que escalar el Tongariro.

Llegué un jueves en la madrugada a Taupo, el lago más grande de Nueva Zelanda que se asoma en la meseta central de la Isla Norte, específicamente en la región del Waikato. Este gigante, se alimenta de cuatro ríos y tiene un diámetro de más de 600 kilómetros, una profundidad de 180 metros y contiene agua que ha estado estancada ahí miles de años, exactamente desde el Paleolítico. Se formó cuando el Volcán Tongariro hizo erupción hace 27,000 años, creando una enorme caldera geotérmica que desde entonces se ha llenado de mitos y leyendas. El lago y el volcán están íntimamente conectados, y saber que estaba a un lado de aguas milenarias, me erizaba la piel.

Venir a esta región nunca estuvo en mis planes, pero luego de una buena charla con Joaquín -un amigo chileno que había dejado casa para dedicarse a tocar la guitarra en el lejano norte de Nueva Zelanda- la palabra Tongariro no dejaba de zumbar en mi cabeza. Y es que es uno de los tres volcanes que se elevan al este del lago y que se convierte en un reto para cualquier peregrino. Su espesa bruma, su tierra rojiza, sus cráteres de agua esmeralda, su cima, y su falda nevada, cautivan a cualquiera. Fue la locación de Mount Doom, tierra de Mordor, en la saga de cine del Señor de los Anillos y lo acompañan los volcanes Ruapehu y Ngauruhoe. Éste último, ha hecho erupción más de 70 veces desde 1839, la más reciente fue apenas el 6 de agosto del 2012 cuando la chimenea de Te Märi no perdonó. Ese día, la nube de ceniza viajó más 250 kilómetros en tan sólo cuatro horas. Volaron rocas y fuego en todo el alrededor.

Yo no sabía nada de esto y llegué muy campante en la mañana sólo con unos jeans, una sudadera y unas botas. Fue hasta que nos dejó la camioneta en la boca del Volcán, que me di cuenta que se avecinaba algo grande. Y es que todos tenían grandes chamarras, pantalones especiales para escalar, lentes, bastones y botas de montaña. Todos llevaban víveres e iban sumamente bien equipados, pero para mí ya no había marcha atrás, y si ya había llegado hasta ahí, tenía que escalar. En eso, comenzó a llover y yo llevaba mi computadora en la mochila. Sin pensarlo tanto, me quité la sudadera para taparla y comencé a caminar. Nunca imaginé todo lo que vendría.

Ese día caminé ocho horas, bebí agua de río, no comí, crucé nieve, me doblé de frío, pero al final llegué a la cima. En total, subí 1,900 metros y recorrí 18 kilómetros. Son de esas cosas que nunca imaginé que podría lograr. Cuando estaba en el punto más alto, me sentí feliz, sentía muchísima energía. Entendí ese éxtasis del que hablan los escaladores en las alturas, y por varios días, me quedé reflexionando. Haber escalado el Tongariro significó mucho para mí. De entrada, rompí viejas creencias auto impuestas, como esa frase que muchas veces decía, que “eso de escalar montañas, no era para mí, que yo no podía”.

También entendí que toda cima tiene su descenso, que debes de guardar fuerza y energía. Saber bajar, es igual de importante que saber subir. Yo bajé en tiempo récord, y es que si no llegaba al final del trayecto para las cuatro de la tarde, no sólo perdería el último camión de regreso al pueblo, sino que también darían aviso a la guardia del Parque Nacional para orquestar mi rescate. Ese día volvió a salir mi lado más salvaje y todo mi instinto. Nunca bajé la guardia y nunca me rendí, llegué justo a la hora. También comprobé que era un gran caminante y descubrí que me gusta mucho escalar. Ese día, creí una vez más en mí, ya había logrado pasar por Mordor, ahora tenía que bajar a La Comarca.

Bibliografía:

Bib Bang, Origen del hombre: Universitat de Valencia https://www.uv.es/ivorra/Historia/Historia_Antigua/BigBang.htm

Tongariro Crossing: NZ gov: http://www.tongarirocrossing.org.nz/the-track/tongariro-crossing/national-park/the-track

A continent on the move: New Zealand geoscience into the 21st century. Graham, Ian J. et al. ISBN 978-1-877480-00-3