Mi mochila

Cargo en mi mochila dos pantalones, siete playeras, una camisa, dos sudaderas, seis calcetines, siete calzones, un traje de baño y un par de botas. Van dos libros, una libreta, unos audífonos, mi pasaporte, un cepillo de dientes, y esta laptop. También cargo muchos recuerdos, muchos lugares y muchos momentos. Van historias, va mi instinto y mi imaginación. Va toda la buena vibra que llega desde México. Van los consejos de mis papás y los mensajes de Adriana. Va mucha emoción, y la suficiente valentía.

La noche que hice la mochila para este viaje me prometí que esta vez no pesaría, que no llevaría nada que no fuera necesario. Mi experiencia me decía que al final sólo acabas cargando cosas que no usas o que sólo ocupan espacio. Esas enormes mochilas de backpackers se ven increíbles, pero son un armario viejo y desordenado que va sobre tu espalda, ellas te acaban cargando a ti. Parte de esta aventura era caminar lo más ligero que puedo, tratando de recordarme que así llegamos a esta vida, y así nos vamos a ir. No fue fácil decidir qué sí iba y qué no. 

En realidad la mochila no es mía, es de uno de mis mejores amigos y hermanos del alma, el Iñaki. Se la tomé prestada hace un par de años y nunca se la regresé. Siempre que preguntaba por ella, yo evadía el tema. Y aunque en realidad sabe que la tengo, no dice nada, es un secreto a voces. Y es que es una gran mochila. Lo suficientemente grande, pero al mismo tiempo pequeña. Cabe en todos los aviones, trenes y camiones, no se tiene que documentar. Ya ha estado en Brasil, en Cuba y en Costa Rica, tenía que darse una vuelta conmigo por Nueva Zelanda y Australia. A la mochila le cabe mucho, y no sé, quizá la buena vibra de mi hermano Iñaki también viaja aquí.

Pero también he tenido que irle quitando cosas. Porque de vez en cuando, vuelves a cargar de más. Por eso de repente debes de hacer un alto y ver qué estás llevando, siempre es importante limpiar. En la mochila también van muchas ilusiones y cinco acuerdos, los primero cuatro son toltecas. Sé impecable con la palabra, no hagas suposiciones, no te tomes nada de manera personal y haz lo máximo que puedas. Yo le agrego un “disfruta todo lo que puedas”, que el tiempo vuela y no hay marcha atrás. Al final, en mi mochila van las huellas de mis alegrías, mis caídas y mis batallas, es mi gran compañera. Es como mi cómplice, la que me escucha y me cuida la espalda.