Dinamita

Todos los días se levanta a las cuatro de la mañana y sale a correr. Alguien acaba de encontrar dinamita. El máximo esfuerzo se vuelve honesto y confía en que algún día todo se devolverá. La mecha ya está encendida. Le ha perdido el miedo a la vida luego de levantarse de cada caída con dosis de cloroformo, agallas y humildad. Esto va a estallar. Descubrió que el verdadero poder se esconde entre las tripas y las costillas y que un guerrero nunca se rendirá. Ya vuela pólvora en todo el lugar. Es el mejor boxeador mexicano de los últimos tiempos y se llama Juan Manuel el “Dinamita” Márquez, un peleador que supo cuando explotar.

Nació en 1973 muy cerca de Cabeza de Juárez, en Iztapalapa. Tiene siete hermanos y su padre le enseñó a boxear. Fraguó el carácter en el calor de un barrio bravo de la Ciudad de México y vio pasar pandillas, vicios y tentaciones. El chavo no se dobló. Combinó el gimnasio con la escuela y para tercero de prepa estaba listo para debutar. Aunque cosechó triunfos, vivió sus primeros años a la sombra del Consejo Mundial y de otros boxeadores que significaban un jugoso producto comercial. Pero la “Dinamita” estaba a punto de despertar.

El 12 de mayo del 2004 Juan Manuel Márquez sostuvo el primero de cuatro enfrentamientos históricos contra el fenómeno filipino Manny Pacquiao; un peleador fuera de serie que sorprendía al mundo con su fuerza, su resistencia y esa brutal velocidad. “Pacman” se había convertido en un demonio imposible de derribar. Detrás de él, toda la industria del entretenimiento afilaba su artillería y el modelo de negocio perfecto comenzaba a marchar. Pero Juan Manuel Márquez dio cátedra esa noche y los jueces decretaron un polémico empate que abría el debate de la década: quién era el mejor.

Pasaron cuatro años para que se volvieran a enfrentar. Márquez llegaba como Campeón superpluma luego de vencer a Marco Antonio Barrera y Manny llegaba en su mejor momento. El 29 de noviembre del 2007 Pacquiao venció por decisión dividida a Juan Manuel Márquez en un aguerrido combate. Aunque muchos aseguran que fue mejor el filipino, una vez más quedaban dudas sobre el cuadrilátero y la controversia crecía entre los fans.

Márquez y Pacquiao disputaron una tercera pelea el 12 de noviembre del 2011, luego de un tour de prensa mundial sin precedentes. Fue la pelea más esperada del año. A partir del tercer asalto, Juan Manuel tomó el mando del combate y poco a poco comenzaron a entrar las combinaciones cortas, los uppers, los ganchos y las derechas. En el séptimo, el mexicano estuvo cerca de mandar a la lona a Pacquiao, que lucía perdido y desesperado. Cuando sonó la campana en el último round, Márquez levantó las manos y el filipino agachó la cabeza. Por primera vez en toda su carrera, Manny Pacquiao no salía en hombros del cuadrilátero y lucía desencajado. Sabía que había perdido.

Pasaban los minutos y los jueces no daban señales de vida. Algo perverso tramaban los hombres de pantalón largo que no suben al ring. Tan insultante como absurda, la voz oficial anunciaba una nueva victoria para Pacquiao que nadie podía creer. El filipino salía entre abucheos y TV Azteca mandaba a comerciales. El crimen era evidente. Cuenta Nacho Beristain, manager y entrenador de Márquez, que en ese momento el millonario promotor de peleas, Bob Arum, se acercó a Juan Manuel y le dijo: “Sé que es difícil, pero por favor no digas nada. Vendrá una cuarta pelea que será el negocio de tu vida”. El cinismo del dinero, esa pelea era la vida para Juan. Parecía que la única forma de vencer a Pacquiao, a los jueces, y al sistema, era por la fatídica vía del nocaut.

La cuarta pelea de la zaga tenía que llegar. Era necesario limpiar la imagen del boxeo y de paso llevarse ganancias históricas por las audiencias televisivas. Dos ídolos se jugaban el orgullo a todo a nada en un lleno Metro Golden Mayer Arena. El 8 de diciembre del 2012 fue un día que nunca se olvidará. En los primeros cuatro rounds, Pacquiao castigó al mexicano y dominaba la pelea. En el quinto, una sólida izquierda del filipino cortaba la nariz de Márquez y lo ponía en severos aprietos. Sin poder ver por la sangre que caía, Juan Manuel peleó esa noche a base de garra y víscera. El clímax de la historia estaba por llegar.

En el sexto asalto, el filipino se fue volcado al frente sabiendo que tenía todo para ganar. Cuando de repente, la mano derecha de Juan se iluminó. En valiente contragolpe el mexicano soltó un gancho demoledor que mandó a la lona a Pacquiao. Lo impensable acababa de pasar. Nocaut al “Pacman”. Temblaba en Nevada y el filipino yacía rendido sobre el cuadrilátero sin poderse levantar. La noticia daba la vuelta al mundo y se escribía historia en el mundo del box.

Dos años y medio después Juan Manuel Márquez y Manny Pacquiao siguen peleando. A sus 41 años, Márquez peleará este sábado ante el norteamericano Mike Alvarado y se dice que el ganador irá contra Manny. Aunque los expertos aconsejan que Juan Manuel debe retirarse antes y en lo más alto, una quinta pelea podría ser una realidad. Pase lo que pase, Juan Manuel Márquez ya tiene guardado un anaquel en la historia del boxeo mundial como el mejor mexicano después de Julio César Chávez. Con 56 victorias y 40 nocauts, fue nombrado “Campeón de la Década” de la Organización Mundial de Boxeo y es Campeón pluma, superpluma y ligero del Consejo Mundial. Un hombre que pasará a la historia como el único boxeador que tuvo la dinamita exacta para noquear al “Pacman”.