Roger y Rafa

La gloria no existe sin el fracaso y las caídas sólo sirven para levantarse. El final de la bajada siempre deja entre ver un camino, el ascendente. Es justo el momento que define a los grandes; al que derrotado, se atreve a escalar desde cero una vez más. Aprendiendo que la fama es efímera, el estrellato su espejismo y que las cimas siempre serán relativas.

Este es el común denominador de un binomio que en los últimos años ha fascinado al tenis mundial: Federer y Nadal, Nadal y Federer. Una irónica y apasionante rivalidad en la que ambos jugadores han logrado, a costo del otro, ser los mejores del mundo. Y a costa del otro, lo han perdido para luego caer. La complicidad de los que conocen la vibrante sensación de la victoria, y el silencio que deja la derrota y la decepción. Ambos iconos, ambos referentes del tenis actual; dos gigantes que una vez más se enfrentan, buscando el pase a la gran Final del Abierto de Australia 2014, en esa mítica cancha azul del Rod Laver Arena en el Melbourne Park.

Pero hablar de un duelo Nadal contra Federer trae consigo varias connotaciones y una inevitable mirada al pasado. Las volteretas, reveses, caídas y regresos abundan en su bitácora personal y hoy más que nunca abren la polémica en la antesala de otro enfrentamiento.

Fue Federer quien ascendió primero a la cima del ranking de la ATP en febrero del 2004. El joven de Basilea conquistaba Título que se le topara, siempre acumulando nuevas marcas y logros mundiales. Roger jugaba con la perfección de un auténtico reloj suizo, sin detenerse, sin fallar ninguna bola, nunca titubeante, ganando con los años, no sólo trofeos, sino tintes de leyenda.

Pero casi dos años después, un tambor batiente comenzó a latir desde tierras ibéricas anunciando una nueva figura, la de Rafael Nadal. El mallorquín contagiaba al mundo con la pólvora que le imprimía a cada bola; pasión y potencia de un nuevo estereotipo en el deporte blanco. Y así, como todo imperio, el de Federer llegó al fin. Después de 237 semanas como número uno del mundo, el 18 de Agosto del 2008 Rafael Nadal asaltaba la cima y aparecería como el nuevo monarca de la ATP.

En los siguientes meses, Federer lucía confundido entre derrotas y sumido en una espesa bruma, mientras una creciente furia roja emergía imponente: ‘Rafa’, sinónimo de fuerza y atletismo que llevaba el juego siempre al límite. El 2008 se convirtió en el año del español conquistando los Títulos de Roland Garros, Wimbledon, el Oro Olímpico en Beijing y cuatro torneos internacionales más, simplemente invencible.

Sin embargo, el 2009 traería nuevas volteretas y otro giro de tuerca al guión de esta rivalidad, quizás el climax de la historia. Sin sonadas amenazas y con la humildad de quien ya sabe lo que es estar abajo, Roger se levantó para llegar en las mejores condiciones al Grand Slam de arcilla, Roland Garros, justo el imperio de su antagonista. Tras dos semanas, Federer se llevó el Título, demostrando que estaba de vuelta y la mira ya la tenía fija en un nuevo asalto al ranking mundial.

Con París en su manos, Federer llegó a Londres en busca no sólo de otro Wimbledon, su sexto que lo enmarcaría como el mejor de todos los tiempos con 15 Grand Slams, sino también a recuperar el trono que le fue arrebatado. En una épica Final en el All England Club, el suizo venció al norteamericano Andy Roddick para desbancar a Nadal como número uno del mundo. De nuevo, cambiaban los papeles. Mientras que el suizo robaba todos los reflectores al ser considerado el mejor de todos los tiempos, una lesión mandaba al exilio temporal a Nadal, dos meses de dudas e incertidumbre ante el inminente desgaste de sus rodillas. Por si fuera poco, el catedrático suizo ganó el Abierto de Australia al siguiente año, llegando a sus míticos “Dulces Dieciséis” en Grand Slams.

En los siguientes años, apareció otro gigante de nombre Novak, que dominó la escena mundial ante un titubeante Roger y un Rafa que iba y volvía buscando ser el mejor. Pero el 2012 traería un nuevo pasaje histórico para su Majestad. Como en casa, Roger conquistó su séptimo Wimbledon y su décimo séptimo Grand Slam. Impresionante, sin palabras.

Pero a esta historia le faltaría más. Durante el 2013, Rafa tuvo un año de ensueño llevándose más de 15 Titulos de la ATP, entre ellos Roland Garros y el Abierto de Estados Unidos. El de la provincia de Baleares, volvió a lo alto y hoy por hoy es el número uno de la Clasificación Mundial, en acerbo de Títulos el tercero más grande de la historia, sólo abajo de Federer y Sampras, el mejor en arcilla de todos los tiempos. Ha ganado Roland Garros ocho veces, dos veces Wimbledon, dos US Opens, el Abierto de Australia en una ocasión y ganador de la Copa Davis en cuatro ocasiones.

Con este contexto se enriquece el significado de un duelo entre Federer y Nadal, mismo que llegará esta madrugada en México. Una nueva lucha que traduce el mensaje de nuestros protagonistas: la polaridad que existe entre la engañosa cima y el valentía del que se dice derrotado para levantarse y volver al primer plano. El que aprende lo que dejó el fracaso y se reinventa tras la caída para volver a caminar. Pareciera así, que es el mismo Nadal el que le cuenta a Roger cuál es el camino de regreso a la cima del tenis. Es ahora Roger, quien desde abajo, buscará a toda costa alzar otro Título y lograr un nuevo capítulo del tenis que se escribirá desde el otro lado del planeta.

Pero, ¿Seremos testigos de más historia para un Federer en su adiós o Rafa impondrá su fuerza y velocidad para pasar a la Final?

Cual sea la respuesta, Nadal y Federer volverán a dejar aquél pensamiento al aire, demostrando que la gloria no existe sin el fracaso y las caídas sólo sirven para levantarse.