El balón de futbol se vuelve a manchar y –para mala suerte de la FIFA– todo está documentado. Hay indignación mundial.
Egipto, un país árabe, se jugaba ante Argentina su pase histórico a Cuartos de Final de la Copa del Mundo de Futbol 2026. El gran favorito era Argentina, la de Messi, la que vende camisetas, enciende televisores, activa las redes y llena estadios.
¿Y por qué se manchó el balón?
Por varias razones: el árbitro (designado por la FIFA) le marcó un penal muy dudoso a Argentina, el «VAR» le anuló un gol a Egipto que era legítimo y, por si faltaba, el árbitro no aplicó el mismo criterio al dejar seguir una jugada que derivó en el último gol argentino.
Ni la revisó el «VAR» en público como marca el reglamento.
Para asombro y desdicha de la FIFA, en el minuto 70’ Egipto ganaba 2-0 y el hecho de dejar fuera Argentina tenía graves consecuencias económicas y políticas. El escenario era muy incómodo.
Hay que pensar en el dinero que perderían las televisoras, las redes sociales, las casas de apuestas, las marcas, los patrocinadores, las aerolíneas, hoteles y toda la industria que mueve el futbol. Hay intereses de un orden establecido.
Para Estados Unidos –un país en guerra que es anfitrión del Mundial– era poco cómodo tener en la siguiente ronda a un país árabe, vecino de Palestina, que es seguido por palestinos, y que su entrenador se ha manifestado abiertamente en apoyo a la causa Palestina.
También existía un tema político, parecido al que vivió la selección de Irán, que tuvo que concentrarse en Tijuana por la negativa de visas por parte de Estados Unidos.
Son varias las contradicciones de la FIFA. No se olvida el «premio por la paz» que le otorgó a Trump con todo el cinismo. No se olvida la tarjeta roja que hace unos días Trump le pidió a la FIFA –y a su amigo Infantino– que le quitaran a los Estados Unidos y la FIFA aceptó de manera inédita.
No se olvidan a las madres buscadoras que se manifestaban afuera del Estadio Azteca el día de la inauguración del Mundial. Mientras adentro una clase privilegiada festejaba, afuera la policía de la Ciudad de México contenía a un colectivo con una causa real y legítima.
Tampoco pasan de largo el precio inédito de los boletos, las «pausas de hidratación» que se monetizan, la eliminación de Irán que también fue muy polémica, las visas negadas a jugadores y árbitros árabes y africanos, y ese famoso «VAR» en el que no sabemos qué se discute, quién da la orden y bajo qué criterio.
De manera lamentable, ayer un aficionado en el estadio con la camiseta de Argentina que llevaba la bandera de Israel, insultó al técnico egipcio al terminar el juego. Su furia ante el egipcio no era un reproche futbolístico, era mucho más profundo y pasó impune.
Y es que la FIFA sí sacó a Rusia de las eliminatorias para este mundial, pero no sacó a Israel que pudo haber clasificado.
Al mismo tiempo pienso que Messi –y todos los jugadores y fans argentinos– son los menos culpables de esto, ellos tienen todo el derecho de celebrar. El pueblo argentino se merece esta alegría y mi crítica no es contra ellos. El destinatario de esta carta es FIFA.
A México también lo quiso favorecer la FIFA en el último partido ante Inglaterra. Ese raro cambio de horario que al final no ocurrió y un penal dudoso marcado a favor de México. La balanza se ha cargado a favor de diferentes equipos en diferentes momentos. No somos ajenos.
Y el dilema es enorme para el aficionado de futbol. Porque habemos muchas/os que amamos el juego, nos gusta seguir a nuestra selección, ver los partidos, ilusionarse, esperarlo y dedicarle tiempo y dinero. Porque nos gusta y nos identifica. Entonces, ¿qué? ¿Lo voy a dejar de ver? El futbol es el juego más popular del mundo.
Este dilema entre amar el futbol y odiar a la FIFA me recorre desde que empezó el Mundial y ha sido como una piedra en mi zapato cada vez que quiero ver un partido o emocionarme con un resultado. Por eso lo escribo.
Y poco le importa a la FIFA todo esto. Porque el futbol no es solo un juego, es una economía billonaria que sigue creciendo. Creciendo sin freno, sin regulación. El árbitro es de casa y siempre juega de local.
