De fábrica de trenes, a pista de patinar

Esta es la puerta de un “Skatehalle”.

Lo que antes era una fábrica de trenes, ahora es una pista para patinar.

En el resto de la enorme fábrica, ahora hay centros culturales, mucho street art, canchas de básquetbol, dojos de taekwondo, galerías de arte, clubes, bares y varios ‘Biergarten’. Aquí la banda viene a cotorrear, a darse unas vueltas y a echarse uno que otro truco.

La fábrica que había aquí data desde la época en que esta tierra no se llamaba Alemania, y era parte de la “Compañía Real de Trenes de Prusia”, a finales del siglo XIX. Desde esos años, la gente de aquí ya brillaba por su conocimiento en ciencia e ingeniería y las locomotoras se vendían muy bien por toda Europa, Asia y América.

Durante la Guerra Fría, la enorme fábrica de trenes quedó en el lado Este de Berlín y la DDR le dio un gran uso como parte de su industria. A la fábrica se le llamó Franz Stenzer, en nombre de un político comunista alemán que fue asesinado por los Nazis.

En los 90’s, la fábrica quedó abandonada y se volvió un lugar de expresión, de creatividad y encuentros entre la libertad berlinesa. El enorme terreno y las bodegas abandonadas, vivieron la gran marea cultural y artística que vivió Berlín con la caída del muro.

A la vieja fábrica llegó el arte, el movimiento punk, el underground, el techno y otros cuantos. Aquí se hicieron varias de esas míticas y eternas fiestas de música electrónica que hubo en Berlín en esa gran década. Luego llegaron las canchas, los conciertos, los bares y las patinetas.

Este es otro caso de un sitio que fue recuperado en Berlín, una ciudad en la que abundan historias de transformaciones. Darle una segunda vida a los espacios públicos, es algo muy berlinés.